«Verano griego», Grecia antes del turismo

Leer «Verano griego» de Jaques Lacarrière es hacer un nuevo viaje a Grecia, pero a una Grecia muy diferente a la que hemos conocido nosotros. La Grecia de Lacarrière es pausada, rural y sin turistas. Quizás lo único que conserva de la que nosotros conocemos sean el sol y la luz que transmiten sus palabras. Y aún, porqué en nuestra última visita a Atenas solo vimos lluvia y frío.

De la pluma de Lacarrière hemos vuelto, aunque con una mirada diferente, a Delfos y Epidauro. También a Creta y su palacio de Knosos, hace ya muchos años, aunque parecía que fueran lugares que no tienen nada que ver. De hecho, la experiencia de Lacarrière, cuando el palacio apenas estaba abierto al público, no tiene nada que ver con nuestra visita de hace más de 10 años, en plena calícula de julio y rodeados de tursitas. Parecen de dos mundos completamente diferentes.

Monasterios y ermitaños

Lacarrière también nos ha abierto una puerta a luguares donde posiblemente nunca estaremos, como el monte Atos, donde las mujeres tienen prohibido el acceso. Sus monasterios y cuevas parecían muy lejanas antes de nuestro viaje a Grecia este invierno.

Ahora, en cambio, nos damos cuenta que esta lectura nos ha ayudado a comprender lo que vivimos en Meteora: monasterios colgantes encima de altos acantilados donde antiguamente solo se podia acceder enganchado a una polea, cuevas a alturas imposibles y con estrutcturas inverosímiles donde se aislaban (¿o se aislan?) los ermitaños, capillas escondidas entre los bosques o campanas en la cima de un montículo, donde solo se puede acceder con una escalera artifical apoyada en la roca.

Con las descripciones de los monasterios de Atos que hace Lacarrière también aprendimos a apreciar la pintura bizantina y a identificar la representación de la figura de Jesús en los murales por la posición de la mano: cada dedo representa precisamente una de las consonantes del nombre de Cristo en la grafía bizantina. Él a su vez lo aprende del libro «Guia de la pintura» de Dionisio de Fourna, que encuentra en una de las bibliotecas de Atos.

La Grecia intangible

Pero la Grecia de Lacarrière no solo està integrada por su geografia. Los mitos, la música, la lengua, el teatro también forman parte de su mundo griego. Su pasión por esta tierra se transmite a través de las páginas del libro. E e idealiza un lugar que en las últimas décadas también ha sido escenario de las miserias de Europa.

La Grecia idílica y soñolienta que presenta Lacarrière termina cuando llegamos al epílogo, escrito años más tarde, cuando Lacarrière volvió a Grecia después de una ausencia prolongada a causa de la dictadura que dominó el país entre los años 1967 y 1974 . El regreso del autor es entre finales de los ’70 y principios de los ’80. Por aquel entonces el turismo ya ha empezado a ser presente, e incluso a masificarse: «la calidad de vida en Grecia ha bajado mucho, precisamente por la actividad turística», escribe en este epílogo. El autor reflexiona en esta parte sobre el efecto del turismo de masas:

«Cuando miles de autocares llegan cada año a Epidauro, por ejemplo, y hay que talar los bosques para construir carreteras y aparcamientos gigantes, ¿podemos decir que el lugar conserva su carácter? Es un círculo vicioso: nosotros vamos a Epidauro en busca de un sitio tranquilo y apartado, pero cuando «nosotros» representa cientos de miles de personas al año, modificamos la naturaleza del lugar con el pretexto de verlo intacto.»

Una de las últimas reflexiones que nos deja Lacarrière en el epílogo de este «Verano Griego» es su cruda visita a los campos de refugiados de Chipre. Se crearon después de la invasión turca de 1974, donde, según relata en el libro, murieron más de 5.000 personas y otras tantas quedaron sin hogar. En esta ocasión Lacarrière opta por reproducir directamente algunos fragmentos de lo que escribió durante esa visita que no nos dejan indiferentes.

Viaje al pasado

«Verano griego» es un viaje immersivo a una Grecia que seguramente ya no existe, o que por lo menos cuesta encontrar, y que Lacarrière nos descrive desde una pasión y un conocimiento profundos del lugar. Lo suyo es «obstinación«, según sus propias palabras. Ha viajado multitud de veces a Grecia, ha aprendido la lengua, ha leído -y traducido- su poetas, se ha mezclado con la gente y ha bebido el vino y comido las olivas. De toda esa experiencia, estudio y conversación nace «Verano griego» que consigue trasladar al lector a una Grecia rural y calmada.

portada Verano Griego

«Verano Griego. 4.000 años de Grecia cotidiana»

de Jaques Lacarrière

Editado por Revista Altaïr en 2009

Publicado en Destinos, Grecia, Libros y etiquetado .

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