Explorando la sierra de Guara

Un fin de semana no es, ni de lejos, suficiente para descubrir todos los rincones que esconde la comarca aragonesa del Somonatano y la sierra de Guara. Nosotros le dedicamos tres días y nos quedamos con la miel en los labios: seguro que volveremos para repetir y descubrir todavía más. De momento os dejamos con este post sobre todo lo que nos descubrió nuestra escapada.

Alquézar

Nuestro primer contacto con la región fue Alquézar, un pequeño pueblo de poco más de 300 habitantes construido en la cima de una colina. Es un pueblo donde todas las casas estan muy bien arregladas, no hay ninguna que desentone con sus paredes de ladrillo y las tejas de arcilla y se cuenta entre los pueblos más bonitos de España.

Vista de Alquézar

Todo el conjunto está coronado por un imponente castillo que se empezó a construir en el siglo IX aunque de la construcción más antigua ya no queda nada. Merece la pena subir porqué desde la zona del castillo hay unas vistas espectaculares prácticamente de toda la comarca.

En la parte más alta de Alquézar está también la colegiata de Santa Maria que tiene su origen en el siglo XI. Puede visitarse – entrada de 3 euros – y también hacen visitas guiadas, aunque nosotros nos contentamos con pasear por la zona, acercarnos a la muralla del castillo, cruzar sus puertas y contemplar el paisaje desde la cima.

Castillo de Alquézar

Pasarelas del Vero

Desde Alquézar podemos acceder a una ruta circular que nos llevará por el cañón del río Vero a través de unas pasarelas aéreas. La ruta se realiza en un sólo sentido y hay que pagar una entrada de 3 euros con la que también nos ofrecen un casco y un seguro que nos cubriría si sufriéramos algun accidente durante el recorrido. ¡Pero no os asustéis! Entendemos que el pago se ha impuesto como medida de precaución, para regular la asistencia de visitantes y, claro está, para recaudar fondos que esperemos que se destinen a mantener el entorno y las pasarelas que nos permiten acceder al cañón.

Pasarelas del Vero

La ruta realmente no tiene ningún riesgo ni ninguna dificultad más allá del hecho en si que transcurre por una serie de pasarelas elevadas que en ocasiones pueden dar un poco de impresión. Pero la verdad es que comparada con otras rutas de pasarelas que hemos hecho – la de Montrebei o la de las gorjas de Carançà, por ejemplo – es una ruta muy sencilla y muy asequible.

Así pues, una vez tenemos nuestra entrada – se compra en el ayuntamiento de Alquézar, que está al lado del punto donde vamos a empezar a caminar – también nos dan un pequeño croquis del recorrido y solo nos queda empezar a caminar. Se trata de una ruta de 3 km que incluso se puede acortar si alguien realmente siente mucho vértigo y quiere evitar la parte más aérea.

Cueva de Picamartillo

Al poco rato de haber empezado nuestra ruta hay un pequeño desvío que nos lleva hasta la cueva de Picamartillo. Merece la pena tomarlo, pues la cueva está realmente muy cerca y es curiosa de ver. Se encuentra al otro lado del río pero si no lleva mucha agua se puede cruzar con facilidad para verla desde dentro.

Cueva de Picamartillo

Mirador del Vero

Ya casi al final de nuestra ruta merece la pena echar la vista atrás para observar con perspectiva el cañón del Vero que acabamos de cruzar coronado por el pueblo del Alquézar. Para ello hasta nos han puesto un mirador.

Mirador del Vero

Puente de Fuendebaños

Y si la ruta se os ha hecho corta y queréis ir a remojaros, una vez pasado el mirador podéis acercaros al puente de Fuendebaños. Nosotros lo hicimos y sin duda ¡mereció la pena! Al principio asusta un poco porqué el camino empieza con un pendiente fuerte pero realmente es muy corto.

Salto del Bierge y fuente de Tamara

Sin adentrarnos todavía en el corazón de la Sierra de Guara nos dirigimos un poquito más hacia el oeste, hacia Bierge. Pasamos de largo del pueblo para buscar dos zonas de baño que habíamos visto sobre el mapa: el salto del Bierge y la fuente de Tamara.

Al llegar pudimos dejar el coche en un gran descampado habilitado como párquing donde a las 10 de la mañana ya había muchas plazas ocupadas y mucha gente equipándose con sombrillas, neveras portátiles y sillas de cámping, dispuestos a pasar allí el día entero (como quien va a la playa, vaya!).

Previendo que la zona quizás iba a estar un poco masificada y que a 5 km había otra zona de baño, decidimos iniciar la ruta hacia la fuente de Tamara. No os diré que sea una ruta difícl -¡ni mucho menos! – pero aunque solo sean 5 km no hay que menospreciar esa distancia porque el camino es abrupto y hay constantes desniveles. Además, aunque estamos en el cañón de un río es una zona seca, ya que el camino no se acerca al río hasta el final. Por ello es importante que traigamos agua con nosotros y ser conscientes que tardaremos entre 1h30 y 2h – según el ritmo, claro – en recorrerlo.

Dicho esto, ¡merece muchísimo la pena! Por una parte porqué el camino tiene muy buenas vistas, a ratos al río a ratos a la peña Falconera, una roca de forma peculiar que se va divisando a lo lejos. Por otra parte la fuente de Tamara es un lugar que nos encantó para refrescarnos y relajarnos. Se trata de una zona donde el río hace un meandro y forma una pequeña playa. Eso sí, el agua está fría, fría.

Para los más valientes, en un extremo, también hay una zona de rocas donde se aprecia desde lo alto lo limpia y transparente que está el agua. Y decimos para los más valientes porqué allí el agua todavía está más fría.

Fuente de Tamara

Siguiendo el camino que nos ha llevado a esta playa de montaña, se puede cruzar el río y en pocos minutos acceder a una pequeña zona de picnic que hay en la otra orilla. Allí es donde se encuentra propiamente la fuente aunque en realidad será difícil rellenar la botella de agua sin mojarte los pies.

Rodellar

Ahora sí nos adentramos en la el parque natural de la sierra de Guara para visitar el pueblo de Rodellar, que ya os lo avanzamos: nos encantó. Desde Bierge tardaremos casi media hora de coche por una carretera malucha que es la única que llega al pueblo. Veremos que el paisaje poco a poco va cambiando y dejamos los campos de cultivo y nos adentramos en zonas más boscosas.

Rodellar es punto de encuentro de escaladores y barranquistas. Y aunque no tiene grandes monumentos ni casas muy bien arregladas para ganarse la etiqueta de ser uno de los pueblos más bonitos de España tiene un nosequé que nos enamoró desde el primer momento. Es un pueblo tranquilo, en el que apetece pasear y observar las montañas que lo rodean.

Rodellar

Desde Rodellar se accede a muchos barrancos de la zona algunos con nombres muy curiosos, como se puede leer en uno de los carteles explicativos que encontramos en el pueblo. Pero en nuestro caso, no pasamos mucho tiempo en la zona así que básicamente nos dedicamos a comer y a disfrtar del entorno y del ambiente de tranquilidad que se respira.

Eso sí, nos quedamos con las ganas de regresar con más tranquilidad para explorar el entorno y alojarnos en el refugio Kalandraka, donde comimos unas buenas patatas bravas y nos encantó el local y su entorno. También visitamos el restaurante del aprathotel Valle de Rodellar donde comimos buena carne de la zona en una cena con vistas.

Barbastro

Visitar Barbastro no estaba en nuestros planes pero nos venía de camino y teníamos tiempo, así que decidimos parar. Y suerte que paramos porqué hicimos dos buenos descubrimientos: el pastel Biarritz y la Bodega del Vero. Ambos los descubrimos por casualidad pasenado un poco al tuntún.

El pastel Biarritz

El pastel Biarritz es apto solo para golosos y tiene exclusivamente tres ingredientes: azúcar, almendra y huevo. En realidad al probarlo me recordó muchísimo al sabor de los panellets catalanes. El pastel Biarritz fue una invención de la família Albás que empezó a hacerlos a principios del siglo XX pero tuvieron tanta aceptación que han acabado convirtiéndose casi en una tradición en Barbastro.

La Bodega del Vero

La otra descubierta en la capital del somontano fue la Bodega del Vero, un negocio ecléctico que nos enamoró por sus productos y por su estética. Nos llamó la atención su cartelería antigua y la disposición y decoración de una tienda de ultramarinos como las de antes. Nada más entrar, el dueño nos invitó a probar un queso francés y ¡ya nos tuvo en el bote!

dega del Vero

En la Bodega del Vero tienen una selección de productos de alta calidad de la zona del Somontano pero no sólo. También se encuentran delicatessen del resto de la península y de más allá. La verdad es que entramos a cotillear y acabamos comprando quesos, vinos y tomates. Luego descubrimos que también tienen un restaurante, aunque ya no nos atrevimos a descubrir cuanto podríamos tardar en hacer una comida allí teniendo en cuenta la parsimonia con la que nos habían despachado.

Volveremos

Tierra de secano, altas paredes con formas caprichosas y cañones angostos modelados por pequeños ríos de agua transparente; lugares antiguos, pueblos más bien remotos, una sierra a la que apenas nos adentramos y un mapa lleno de marcas en los lugares donde quisimos ir pero no nos dio tiempo. Todo esto es con lo que nos quedamos de la Sierra de Guara y la comarca del Somontano.

Sin duda, un montón de motivos para regresar a esta zona para nosotros tan cercana como desconocida. Destacamos entre todas estas marcas en el mapa el embalse de Vadiello, el salto de Roldán o el pueblo de Bara. También nos gustaría regresar para descender un barranco – el de la Peonera, en Bierge, dicen que es de los más fáciles – e ir a Adahuesca para degustar queso de Radiquero y visitar las bodegas Alodia que nos habían recomendado, porqué sí, existe vino somontano más allá del Enate y el vino siempre combina bien con queso.

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