Refugiados Españoles en Francia

Viajar es disfrutar pero también es aprender; o a veces simplemente recordar. Aprender para comprender y recordar para no repetir o no permitir que se repita. Este ha sido uno de los motivos que nos ha llevado a visitar últimamente el sur de Francia. Queríamos saber más sobre cómo vivieron el viaje aquéllos que tuvieron que huir de España para sobrevivir y sobre cómo fue su llegada al país vecino.

Ellos también cruzaron una frontera, pero no en la comodidad de un coche o de un avión. Lo hicieron a pie, en pleno invierno y entre bombardeos. Queríamos saber cómo les habían acogido al otro lado de la frontera – y ya os lo avanzamos: mal – pero también queríamos descubrir las historias de solidaridad que se tejen en la desesperanza.

En este post os queremos hablar de dos visitas que hemos hecho en poco tiempo a la misma zona – el memorial del campo de Rivesaltes y la Maternidad de Elna – pero realmente las dos se pueden hacer en un solo fin de semana. Lo ideal es alojarse en Perpiñán puesto que los dos estan bastante cerca. Además, Perpiñán es una ciudad pequeña pero acogedora que también merece la pena visitar, perderse un poco por su centro histórico y conocer el palacio de los reyes de Mallorca. Pero esto os lo contaremos en otro post.

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Así pues, empezamos esta ruta por el sur de Francia para recordar nuestra historia reciente, aprender de ejemplos de solidaridad como el de la maternidad de Elna y comprender que todos, en un momento dado, podemos vernos obligados a viajar en condiciones de penuria.

Memorial de Rivesaltes

El memorial de Rivesaltes está a poco más de 15 km al norte de Perpiñán. La gente de la zona lo conoce como campo de Rivesaltes o campo Joffre. Se creó como instalaciones militares  pero al poco tiempo ya se convirtió en un campo de concentración para los miles refugiados que llegaban desde España. Unos años más tarde alojaría también judíos y gitanos a la espera de ser trasladados a los campos de exterminio nazis, y ya en los años ’60 a los harkis, refugiados de la Guerra de Argelia después de haber luchado con el ejercito francés. Las historias de todos estos grupos de personas, que según la ley francesa de la época eran considerados ‘indeseables’, quedan plasmadas en el gran trabajo didáctico y de recuperación de la memoria histórica que se recoge en este memorial.

Además de visitar lo que queda de los barracones de una de las secciones que formaban el campo, el visitante puede adentrarse en la parte propiamente del memorial. Se trata de una gran sala donde en el centro hay un esquema cronológico para situar al visitante en los acontecimientos históricos de Europa y del mundo en cada momento. Luego, unas pantallas nos permiten ver y escuchar a algunas de las personas que pasaron por el campo. Nos cuentan en primera persona como llegaron allí y como fué su experiencia. En otros paneles se van reproduciendo documentales sobre los diferentes períodos que más influyeron en la história del campo – la retirada y la postguerra españolas, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Argelia. El visitante puede escoger si verlos todos y en qué orden. Finalmente, la misma sala reserva un pequeño rincón con mapas y audiovisuales sobre la historia mundial de las migraciones y los refugiados. Sin duda una historia que se sigue escribiendo todavía en la actualidad.

Recorrer todo el memorial nos llevó algo más de dos horas, aunque al final ya estábamos un poco cansados – no hay ningún lugar donde sentarse mientras ves los audiovisuales – y algunos documentales no los terminamos de ver. Así que si quieres puedes pasarte incluso más tiempo en la visita.

Es una visita que sin duda recomendamos hacer. En primer lugar por todas las emociones que despierta. Poder visitar los barracones donde se alojaron todos esos refugiados a quienes se les negaba la libertad y en el paraje donde se encuentra – con la cima del Canigó de fondo – pone la piel de gallina. Además, el valor de la información histórica que contiene y la sensibilidad de los diferentes audiovisuales que pudimos ver nos puso en la piel de quienes lo sufrieron en sus propias carnes.

La Maternidad de Elna

A la Maternidad de Elna llegamos ya conocidendo más su historia y la de su fundadora: habíamos leído el libro que lleva el mismo nombre que este lugar, escrito por la historiadora Assumpta Montellà. Aún así, la visita nos impresionó.

El pueblo de Elna se encuentra a unos 12 km de Perpiñán, pero esta vez, hacia el sureste. La maternidad está a las afueras del pueblo – hay que llegar en coche – y se encuentra con facilidad siguiendo los carteles de «maternidad suiza» que se encuentran en la carretera. Efectivamente, la maternidad había sido fundada en 1939 por una voluntaria suiza – Elisabeth Eidenbenz – con el apoyo de organizaciones por la paz y de ayuda humanitaria suizas.

Desde donde dejamos el coche, el edificio de la antigua maternidad se levanta al fondo de un descampado baldío. Nos dirigimos hacia allí. La visita empieza con una explicación de una guía y con el visionado de un pequeño documental protagonizado por la fundadora y directora de la maternidad. Después pudimos visitar las diferentes estancias del edificio con breves explicaciones para dar a conocer al visitante a qué se había dedicado cada estancia: la sala de partos, los dormitorios, el comerdor, etc.

Aunque la visita no es tan completa como la del memorial de Rivesaltes sin duda merece la pena. Conocer la historia de este lugar, tan ligada a la historia contemporánea española, debería ser casi obligatorio. Además, es un lujo poder contar con la reconstrucción que hizo la historiadora Assumpta Monellá de las vivencias de la misma Elisabeth Eidenbenz y de muchas de las madres que pasaron por esta maternidad y que, gracias a esta experiencia, pudieron salvar su vida y la de sus bebés. Si os interesa poder leer su libro, también lo venden en la recepción del museo.

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