El memorial de Rivesaltes: nuestra historia en Francia

Viajar nos permite descubrir, y a veces recordar, la historia que se quedó olvidada en los libros. Cuando recorremos mundo nos gusta poder visitar los sitios donde se escribió la historia de los lugares que visitamos, aunque esta historia no siempre es la de los grandes reyes y presidentes; a veces se trata de la histora de la gente corriente, la gente de a pié. En el sur de Francia esta historia muchas veces está connectada con la de nuestra gente, por la proximidad geográfica y cultural de la frontera que compartirmos.

Este fue el caso del campo de Rivesaltes: descubriendo la historia de Francia, de su ley de los indeseables y de las vidas en sus campos de concentración descubrimos también una parte de la historia de los españoles que huían de la guerra y que se quedaron atrapados en este campo – y en otros como este- en contra de su voluntad.

Rivesaltes

El campo de Rivesaltes

La llegada al campo de Rivesaltes nos puso la piel de gallina. Era un día de invierno, el cielo estaba despejado y aparentemente estábamos solos. Sabíamos que en algun lugar había un edificio que acoje un memorial, pero lo primero con lo que nos encontramos fue con unos barracones abandonados donde supusimos – acertadamente – se habían alojado los refugiados.

Sólo se escuchaba el viento y sentíamos el frío en la cara. No había otros visitantes en la zona y antes de entrar en la parte del museo, decidimos darnos una vuelta por la zona de los barracones abandonados y sin restaurar. Cuando estaba en funcionamiento el campo tenía 600 hectáreas pero sólo se ha conservado una pequeña parte. Aún así, nos estremecía imaginar que en todos los terrenos que había a nuestro alrededor, y en aquellas casuchas, habían vivido cientos, miles de personas… en contra de su voluntad, como una gran cárcel.

La llegada de los españoles

El campo de Rivesaltes estaba pensado para albergar unas instalaciones militares que en 1939 se adecuaron para alojar a una gran parte de los 500.000 españoles refugiados que estaban llegando a Francia en aquella época según las fuentes la cifra cambia un poco pero todos estan alrededor del medio millón. Los españoles huían de su país, donde el fascismo estaba ganando la guerra y se esparaba que la represión del nuevo régimen contra aquellos que habían apoyado la república se sumara a las penalidades que ya venian sufriendo como consecuencia de la guerra .

«No recuerdo el cansancio, recuerdo la tensión, nos metrallaban, vi muertos en la carretera, personas que la aviación fascista había matado«, explica Josep Torres Cuadrado sobre su huida de España. Él es uno de los testigos que pudimos escuchar en la visita del memorial.

Poco antes, en Francia se había promulgado una ley que preveía la reclusión de los «extranjeros indeseables». Así, a los recién llegados desde España se los encerraba en campos en contra de su voluntad. El estado francés no estaba preparado para recibir esa gran cantidad de personas así que improvisaron campos en las playas del sur del país – en pleno invierno, imaginad el frío. Muchos de los que estuvieron en los campos de Argelès, Saint-Cyprien y Barcarés luego fueron trasladados al campo de Rivesaltes donde por lo menos les ofrecian un techo y paredes con las que cobijarse.

La Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Argelia

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial el campo también acogió famílias judías y gitanas, antes de ser deportadas a Alemania. Y aunque después de esta guerra el campo volvió a sus usos originales – instalaciones militares – en los años 60, después de la Guerra de Argelia, volvió a convertirse en un campo de concentración, esta vez recluyendo a los llamados harkis. Eran ciudadanos argelinos que habían luchado con el ejercito francés, que perdió la guerra. Terminado el conflicto, sus conciudadanos los rechazaron y muchos decidieron viajar a la metropoli, pero la acogida allí no fue mejor: también eran «indeseables» para el estado francés.

El memorial

La historia de españoles, judíos, gitanos y argelinos recluidos en el campo de Rivesaltes está explicada en el memorial del campo. Se trata de un edificio de planta semisubterránea que poco altera la vista del campo y que en cambio llena de sentido su conservación. Dentro, se pueden escuchar una gran cantidad de testigos que recuerdan sus vivencias en el campo y documentales que lo contextualizan en la historia de Francia y de Europa.

Memorial de Rivesaltes

Sin duda, se trata de un ejercicio de memoria histórica imprescindible, aunque nos encogió el corazón darnos cuenta que las miserias que cuentan los testigos de Rivesaltes no deben ser tan diferentes de las que se viven hoy en los campos de Grecia. ¿Es que no hemos aprendido nada? Quien sabe, quizás dentro de otros 50 años nos encontraremos visitando el memorial del campo de Mória, por decir alguno.

Al salir de la visita al memorial decidimos no irnos enseguida y volver a pasear por la zona de barracones. Ahora sí, los testigos que acabábamos de escuchar se hacían muy vivos. Al girar un recodo del camino preparado para los visitantes, nos encontramos de cara con el monte del Canigó y me volvió a la mente la voz de Josep Torres Cuadrado, uno de los testigos que, en el memorial, cuenta sus recuerdos sobre la huida de España y su paso por Rivesaltes:

«Desde los campos veíamos los Pirineos y sabíamos que detrás de los Pirineos estaba Franco y su régimen. Nosotros estábamos en los campos porqué no lo habíamos querido aceptar; para nosotros, estar en los campos era vivido con orgullo, era una forma de continuar la lucha.«

Memorial de Rivesaltes

La historia de España en Francia

El memorial del campo de Rivesaltes no es el único lugar que podemos visitar en el sur de Francia para recuperar nuestra propia memoria histórica . También cerca de Perpiñán existe un edificio – que ahora es un museo – que acogió la Maternidad de Elna. Allí nacieron casi 600 niños y niñas, muchos de ellos hijos de refugiadas españolas retenidas en los campos de concentración que pudieron salir para dar a luz a sus pequeños. Si no hubiera sido por ese oasis la mayoría de estos pequeños seguramente habrían muerto, pero esta es una historia que os contamos en el próximo post.

Datos prácticos

Entre abril y octubre el memorial del campo está abierto todos los días. En invierno – del 1 de noviembre hasta el 31 de marzo – cierra los lunes. Abren a las 10 de la mañana y está abierto hasta las 18h pero la visita es bastante larga – tranquilamente estuvimos unas dos horas – así que os recomendamos que vayáis con tiempo.

La entrada cuesta 8 euros aunque también hay algunas tarifas reducidas. En el acceso al memoria también hay una cafetería y una librería bastante completa, con documentación complementaria sobre el memorial, sobre los campos de refugiados franceses, sobre la Guerra Civil Española… muchos son en francés pero también hay algunos en castellano.

En la web del memorial hay mucha más información sobre la historia del campo, precios, horarios, etc. También encontraréis la dirección pero cabe decir que si vais desde Perpiñán el camino está bastante bien señalizado.

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