Florencia, un circuito alternativo

Vistas de Florencia

Si vas a visitar Florencia seguro que encuentras un montón de guías y blogs que te hablan de las mil maravillas del duomo de Santa Maria del Fiore, de la galeria de los Uffizi o del David de Michelangelo. Son sitios fantásticos y que sin duda no debes perderte, pero si ya los has visitado y todavía tienes un poco de tiempo; o si simplemente quieres huír de la avalancha de turistas que inundan el centro de la ciudad del arte, te proponemos este circuito alternativo que lo tiene todo: templos monumentales, buenas vistas y naturaleza. ¿Te vienes con nosotros?

San Miniato al Monte

Tenemos que reconocer que en nuestro último viaje a Florencia la iglesia de San Miniato al Monte estaba mucho más concurrida que las últimas veces que la habíamos visitado. Aún así, sigue siendo uno de nuestros lugares favoritos en Florencia, con unas vistas espectaculares sobre la ciudad y sin duda mucho más tranquilo que el mirador del Piazzale Michelangelo.

Esta es una pequeña iglesia románica situada en uno de los puntos más altos de la ciudad – un poco más arriba del Piazzale Michelangelo – tiene muy buenas vistas de la ciudad y desde allí puedes distinguir perfectamente el duomo y otros monumentos de Florencia. Igual que otras iglesias toscanas, su fachada está decorada con figuras geométricas hechas con mármoles de diferentes colores. Esta fachada se considera una obra maestra del románico florentino.

Con San Miniato al fondo

Merece la pena admirarla por fuera y por dentro porque está repleta de detalles y mosaicos. A mi, hay dos cosas que siempre me han llamado mucho la atención en esta iglesia: la cripta y los mosaicos con piezas doradas que hay en algunos techos. La cripta es la parte más antigua de la iglesia y cuentan que allí estan depositados los restos del santo que da nombre al templo: San Miniato. La historia de este mártir tampoco tiene desperdicio.

La leyenda de San Miniato

Cuenta la leyenda que San Miniato fue el primer mártir de Florencia. Fue martirizado durante las persecuciones cristianas del emperador Decio y se ve que durante el martirio le cortaron la cabeza. El tipo se dedicó a recorrer por Florencia -literalmente como pollo sin cabeza – hasta llegar al lugar donde él había vivido como ermitaño y fue aquí donde se decidió erigir la iglesia que ahora lleva su nombre. En un primer momento se construyó un santuario, y más tarde una capilla. No fué hasta el siglo XI que se comenzó a construir la iglesia actual.

Fiesole

Mirador Fiesole

Desde Fiesole también hay buenas vistas sobre Florencia aunque la perspectiva es muy diferente y mucho más alejada que la del Piazzale Michelangelo y la iglesia de San Miniato, pero es mucho más tranquilo. Para llegar hay que tomar un autobús urbano desde la estación de tren de Santa Maria Novella y te toma más o menos una media hora. Merece la pena ir hacia el atardecer pero cuidado no os despistéis con el último bus, el transporte público en Florencia es muy mejorable y bajar andando sería una buena caminata.

Anécdota viajera

Fiesole

Me gusta mucho recordar la anécdota de la primera vez que estuve en Fiesole. Fue durante el año que pasé de Erasmus en Florencia – ya hace unos cuantos años. Una amiga me había hablado del lugar y un fin de semana tomamos el bus y fuimos. Al llegar, encontramos que en un recinto al lado de una iglesia se celebraba una fiesta y ofrecían comida. Era la hora de comer y teníamos hambre, así que sin preguntar nada a nadie entramos, nos pusimos en la cola y nos dieron una ración para cada una. Cuando nos disponíamos a comer, una monja se acercó a nosotras y nos preguntó: – ¿Soys de la comunidad? Mi amiga y yo nos miramos sin saber qué decir. Al final le dijimos timidamente que no, pero que habíamos visto la comida y como teníamos hambre… Creo que le dimos pena. Nos sonrió y nos dejó hacer.

La sinagoga y el museo hebreo

Sinagoga de Florencia

Muy cerca del centro de Florencia – de hecho justo detrás de la iglesia de Santa Croce – se esconde una sinagoga monumental con una preciosa cúpula verde. No es facil de encontrar ya que pese a su belleza queda escondida entre los edificios. Forma parte de un museo hebreo así que, previo pago de tu entrada – creo que son algo más de 6 euros – y control de seguridad, puedes entrar a visitarlo. Y creednos, aunque os parezca un poco caro, merece la pena.

Desde la calle se ve el gran edificio de la sinagoga escondido detrás de un jardín y de una verja. Una vez dentro, puedes contemplar de cerca todos los detalles de la fachada y visitarla por el interior, que también es muy bonita. El templo es de finales del siglo XIX y tiene una decoración muy trabajada de estilo oriental, con cristales policromados y suelo de mármol. Además del templo, también se puede visitar el museo que tiene una colección de objetos cerimoniales antiguos.

La iglesia rusa

Iglesia ortodoxa Florencia

Un poco más alejado del centro descubrimos otro templo precioso, esta vez cristiano ortodoxo, es la iglesia de la Natividad de Cristo. Los florentinos lo conocen como la iglesia rusa y llaman muchísimo la atención las cúpulas coloridas en forma de cebollas. Fue construida entre finales del siglo XI y principios del XX y fue la primera iglesia rusa que se construyó en Italia. Se encuentra muy cerca de la plaza de la Libertà y también se puede visitar el interior.

El parque de Le Cascine

Todo lo que Florencia tiene de arte le falta de verde, o por lo menos zonas verdes de acceso libre y gratuito – las pocas que hay en el centro o son propiedad de alguna institución o recinto privado y con acceso restringido o pertenecen a zonas museizadas por las que hay que pagar entrada. Por esto, el parque de Le Cascine es un perqueño oasis que te permite disfrutar de un poco de verde y de naturaleza sin salir de la ciudad y sin pagar.

Se encuentra a la zona noroeste de Florencia y está un poco alejado del centro – unos 20 minutos andando desde la estación de tren de Santa Maria Novella pero también puedes acercarte en tramvia. El parque en si no tiene nada muy excepcional pero tiene un gran césped donde puedes tumbarte a leer o a dormir la siesta, jugar al balón, al freesbee… en definitiva, todo lo que se te ocurriría hacer en un parque. Dentro del parque hay algún pequeño bar donde tomar algo y algunos fines de semana hacen mercados de productos locales. Sin duda, un rincón donde huir si necesitas descansar o desconnectar del bullicio del centro.

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