Cómo preparar tu mochila de montañero

Ya sabes que cuando vas a la montaña necesitas llevar encima todo lo que vas a necesitar, ¿verdad? Pero al mismo tiempo, quieres ir lo más ligero posible. Esto puede parecer contradictorio pero debes encontrar el equilibrio. Para asegurarte que no te olvidas nada pero que tampoco cargas demasiado es importante pensar bien cómo harás tu mochila. Aquí te damos algunos consejos para preparar bien la tuya, pero seguro que con la experiencia cada vez te costará menos.

Para asegurarte que no te olvidas nada pero que tampoco cargas demasiado es importante pensar bien cómo harás tu mochila.

Hazte una lista

Antes de empezar es importante hacerse una lista de todo lo que quieres llevar en tu mochila. Mejor hazla por lo menos un día antes. Así, si te has olvidado algo podrás añadirlo a la lista cuando te venga a la cabeza. Tener una lista antes, te permitirá que en el momento de preparar la mochila no tendrás ni que pensar: simplemente ve metiendo las cosas de la lista. Además, cuando creas que ya has terminado, podrás repasar tu lista para asegurarte que no te olvidas nada.

Yo tengo ya mi lista hecha y guardada, así cada vez que voy de ruta solo tengo que rescatarla. Eso sí, según la ocasión quito o añado lo que considere.

Escoge ropa cómoda

Parece obvio, aunque a veces no lo es tanto. Algunas prendas que nos pueden parecer cómodas en la ciudad – unos tejanos o unas sandalias – no lo son para nada en la montaña. Es importante que seas consciente del terreno por el que te vas a mover y escojas la ropa más adecuada. Por ejemplo, los tejanos no son elásticos y si tienes que trepar te van a molestar. O peor aún, si llueve aunque solo sean cinco minutos, vas a ir todo el día con el pantalón mojado. Las sandalias tampoco son adecuadas si es un terreno irregular. 

Por lo general, la ropa que lleves en la montaña tiene que ser ligera,
de tejidos que se sequen rápido y tener un punto de elástico o ser un poco holgada para que puedas moverte con comodidad. También es importantísimo llevar un calzado cómodo y adecuado al lugar donde vas a ir.

Unas zapatillas de gimnasio pueden parecer muy cómodas la primera media hora de excursión, pero al cabo de un rato vas a sentir en la planta de los pies todas las piedras del camino. Además, no tienen una suela adecuada y puedes resbalar. Mucho mejor unas zapatillas o unas botas de montaña, más reforzadas y con suelas más adherentes. Pero tampoco te pases, unas botas de invierno pueden hacerte sudar demasiado en verano y provocarte ampollas. Hay que escoger el calzado más conveniente según la época del año y el lugar donde vayas a ir.

A parte de tu ropa y tu calzado, la mochila en si también tiene que ser cómoda. ¡Piensa que vas a tener que llevarla todo el día a cuestas! Escoge una mochila que se adapte bien a tu espalda. Cuando metas las cosas dentro ten cuidado que el peso quede bien repartido, para que no pese más un lado que el otro, y que no haya nada que pueda sobresalir y molestarte. 

El tiempo puede cambiar en cualquier momento

En la montaña el tiempo es muy variable. Por ello, cuando prepares tu mochila es importante que lo tengas en cuenta y te prepares para cualquier cambio imprevisto. Así que, si el día se levanta nublado, no olvides la gafas de sol y la crema solar. Si es muy soleado, no dejes en casa el impremeable. No olvides tampoco protegerte del frío aunque cuando salgas de casa parezca que no vaya a ser para tanto: pon una chaqueta en la mochila! Las bragas de cuello también son una prenda muy versátil porque tanto te pueden proteger del frío com del sol. Y precisamente sobre el sol no olvides que en alta montaña, especialmente si hay nieve, puede dañar mucho tanto tu piel como tus ojes.

Piensa en los imprevistos

Más allá de un cambio repentino del tiempo, en la montaña puedes tener otros imprevistos y la solución tendrá que estar en tu mochila. Cuando hagas la lista de lo que tienes que llevarte intenta pensar en aquellas situaciones que podrían representar un problema y como las solucionarias. Por ejemplo, si te pierdes y empieza a oscurecer te vendría muy bien una linterna, ¿verdad?

También es impotante llevar un mapa aunque ya conozcas el camino o esté muy bien señalizado. Otro elemento recomendable es llevar una manta térmica: ocupa muy poco y puede salvarte si por ejemplo te lesionas y tienes que esperar un largo rato a que vengan a buscarte. Evitarás que tu cuerpo se enfríe y pudieras llegar a tener una hiportermia.

También debes llevar comida y agua suficiente para todo el tiempo que tienes pensado que dure la excursión, y un poco más. Por la misma razón: si te pierdes o por cualquier motivo pasas más tiempo fuera del que tenías pensado, tener todavía un poco más de agua y comida te va a  venir muy bien. 

En el capítulo de imprevistos no está de más añadir un botiquín. No hace falta llevar un equipo súper completo pero si aquellas cosas básicas con las que puedes curar pequeñas heridas: un poco de yodo, tiritas, gasas… Si vas de excursión con más gente podéis llevar un botiquín cada tres o quatro personas. 

No te pases con el peso

Pero igual de importante que no olvidarse nada es recordar que todo lo que lleves tendrás que transportarlo tú. Llevar demasiado peso puede hacer que caminemos más despacio o que nos cansemos demasiado durante la excrusión.

Así que, lleva lo necesario pero deja en casa lo prescindible. Cuando estés preparando la mochila pregúntate si realmente necesitas todo lo que estás metiendo dentro. Lo recomendable es que la mochila no pese más del 10% de tu propio peso. Obviamente, esta norma será mucho más fácil cumplir  si hacemos una excursión de un día que si la salida es de tres o cuatro días.

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