Comer y dormir en Grecia

Más allá de lo obvio, la gastronomía era una de las cosas que más nos excitaba de nuestro viaje a Grecia. Antes de viajar ya sabíamos que la comida griega nos gustaría. Y así fue. Grecia es un país acogedor donde se come y se está bien. Aún así, también es bastante turístico, así que hay que saber escoger -o dejarse aconsejar – para que la elección sea realmente buena.

Para quién no la conoza la cocina griega es, para nosotros, el equilibrio perfecto entre cocina mediterránea y cocina del próximo oriente. Productos tan habituales para nosotros como el aceite, las olivas, el queso o las hortalizas en una combinación ideal de especias. Un capítulo a parte merece el café, cocinado al estilo turco y degustado con tiempo y tranquilidad.

En este post queremos contaros las buenas experiencias, y otras mejorables, que tuvimos en nuestro viaje helénico.

Degustar Atenas

En atenas fue sin duda donde más variedad de locales encontramos, ya sea para comer o para tomar una copa o un café. Nuestro restaurante favorito fue sin duda el Rakoumel, un local de cocina tradicional cretense en el barrio de Exarchia, muy cerca del centro de Atenas.

Llegamos acompañados por Noah, una amiga ateniense que nos descubrió este barrio de la capital griega, y fue una de las mejores experiencias gastronómicas del viaje. No sé si nos quedó algo por probar de la carta pero sin duda uno de los platos que más nos impactó fue una cazuelita con mantequilla de cabra, huevos y salsa de tomate cocinadas al horno aliñado con alguna que otra especie.

Desde Rakoumel nos fuimos a tomar el café en el Cusco Café. Lo del café en Grecia es todo un ritual y seguramente por ello no encontraréis cafeterías feas en Atenas: ya que hay que pasar mucho rato, que sea muy agradable. Y el Cusco Café lo cumple: buen café y local acogedor decorado con motivos incas. La verdad, que más allá de la tradición griega del café, con el diluvio que nos caía fuera estuvimos un buen rato.

Todavía en el barrio de Exarchia fuimos a tomar una cerveza en el Gato Negro. Un bar con mucho ambiente y buena música. Recomendable si estás por la zona.

Todavía en Atenas tuvimos ocasión de comer en el Mani Mani, un restaurante «de bien» que nos habían recomendado. El ambiente no tiene nada que ver con el Rakoumel, mucho más refinado, con camareros uniformados, mantelería fina y carta de vinos.

La cocina es una mezcla de platos tradicionales con un toque de autor, buscando nuevas combinaciones y presentaciones. Lo que comimos era sabroso y nos atendieron estupendamente. Lo recomendaríamos por calidad pero nos pareció caro el precio final.

Otro local que nos salvó varios tentempiés fue un pequeño restaurante que ofrecían bogastas en la zona de Monastiraki. Las bougatsas son unos pasteles de una masa parecida al hojaldre que pueden ir rellenos de cualquier cosa, dulce o saldo. Por lo que entendimos son originario de la zona de Tesalonki, o por lo menos los dueños de este local eran de esa zona. El restaurante es un puesto bastante turístico y barato pero los pasteles que probamos estaban ricos.

No queremos despedirnos de Atenas sin mencionar dos locales más. El primero es Terrakarpo, sin duda un lugar curioso a vistiar para pillar cualquier dulce que os arregle la merienda. Tienen frutos secos, chocolates de todo tipo y barritas de cereales y frutas deshidratadas de infinidad de sabores. Nos costó escoger pero el personal fue muy amable explicando, y repitiendo si hacia falta, qué llevaba cada cosa. Se encuentra muy cerca del museo del Acrópolis.

Con el segundo hacemos una excepción porqué no se trata de un bar ni un restaurante sino de una tienda de ropa y complementos pero hemos querida mencionarla porqué nos parece que es una buena alternativa a los cientos de tiendas de souvenirs «made in China» que encontraréis por el centro de Atenas. El sitio se llama Awatara Fashion, aquí encontramos algunas piezas de bistuería y complementos originales, hechos con gusto y bien de precio para poder llevar algun detalle para reagalar (o autoregalarse) a la vuelta. 

Meteora en el plato

Pocos locales hay para comer en la zona de Meteora si vas en temporada baja como hicimos nosotros, especialmente en el pueblo de Kastraki. Los locales mejor valorados en este pueblo estaban todos cerrados por vacaciones, así que nos conformamos con ir al Batalogianni del que casi no teníamos referencias.

Resultó ser un restaurante bastante normal, sin entusiasmo. De la carta no tenían la mayoría de cosas porqué al día siguiente ellos también cerraban. Quisimos provar el souvlaki, pues se suponía que era su especialida, pero resultó estar más bien seco. Probamos otras carnes, tipo hamburguesas que sí que estaban ricas, pero la mousaka también resultó ser decepcionante.

En el mismo pueblo hay dos panaderías y optamos por ir a la que nos recomendó el dueño del hostal donde nos alojábamos. Se llamaba simplemente Bakery y con esta sí que tuvimos suerte! Para desayunar los dos días que estuvimos en el pueblo fuimos a por algunas de las pastas rellenas recién hechas que servían. Pueden ser dulces o saladas, las dos riquísimas!  El alojamiento, por cierto, muy básico aunque también bien de precio en Bloutsos Rooms, en el pueblo de Kastraki.

La siguiente noche nos movimos a Kalambaka para cenar para poder tener más oferta a la hora de elegir. Fuimos al Panellēnion. Sin duda el local estaba mucho mejor que la noche anterior: más calidad y más variedad. Aún así, se notaba que era un local pensado sobretodo para turistas. Pero bueno, comimos muy bien, se ve en la foto, no…?

El sabor del Peloponeso

Nuestro viaje siguió hacia el sur para descubrir el Peloponeso pero antes nos paramos en Lepanto (Naupacto). No tuvimos mucho tiempo pero sí disfrutamos de una copa de vino en el bar Centro Porto contemplando el anochecer con vistas al mar y al puerto veneciano que cierra la ciudad. También se puede comer pero no tuvimos ocasión.

Ahora sí ya en el Peloponeso la primera noche la pasamos en el hotel Kyani Akti, en Xylokastro. Resultó ser una ganga fuera de temporada. Siempre solemos ir a sitios más sencillos pero los precios bajos de este hotel en enero nos llamaron la atención. Por poco más de 60 euros disfrutamos de una habitación doble a primera línia de mar con desayuno incluido. 

Fue una parada de conveniencia y el pueblo no nos pareció espectacular, aunque tampoco tuvimos muchísimo tiempo para descubrirlo. De nuevo nos costó encontrar locales abiertos que tuvieran buenas referencias en Internet para comer. Aunque nos quedaba un poco lejos finalmente optamos por la taverna Diethnes, pues además de tener buenos comentarios la mayoría eran en griego así que imaginamos que seria un sitio elegido por los locales y no tanto por los turistas.

¡Y acertamos! Nos recibieron hasta con sorpresa de ver unos extranjeros entrando en el local -por lo menos en esa época. Todos los clientes eran hombres más bien mayores y muchos con un rosario y un cigarro en la mano (este fue el único gran pero que le encontramos al restaurante). Precisamente para evitar el humo descartamos quedarnos en la terraza.

Para escoger lo que íbamos a comer nos invitaron a entrar en la cocina y mostrarnos lo que tenían. Así tuvimos ocasión de descubrir las berenjenas imam, que nos encantaron. 

Cuando ya estábamos terminando ni el estar en el interior nos salvó del tabaco. Aunque fumar está prohibido en los bares y restaurantes en Grecia, un cliente encendió un cigarrillo y no solo no le llamaron la atención sino que el dueño le trajo un cenicero

Nuestra ruta gastronómica por el Peloponeso siguió enel pueblo de Argos en búsqueda de un buen souvlaki. Habíamos leído en algunas reseñas que en este pueblo que nos quedaba más o menos de paso entre Micenas i Nauplia había un local donde servían buenos souvlakis, el Kits.hen Grill. Así que allí nos fuimos!

No sé si serà el mejor pero sin duda era muy rico. En el local nos encontramos con un griego afincado en Colombia que hablaba un castellano perfecto y que se prestó a hacernos de traductor (el camarero no hablaba nada que no fuera griego).

Aconsejados por él optamos por probar lo que nos dijo que era la combinación más local: un bocadillo estilo pita con pollo y una salsa parecida a la mayonesa pero con especias. ¡Cómo lo disfrutamos!

Nuestra última noche en Grecia la pasamos en Nauplia. Allí dormimos en un pequño hotel de nombre muy pretencioso pero donde estuviomos muy a gusto: el 999 Luxury Hotel. Llegamos a este pequeño hotel paseando por Nauplia. Por 60 euros la noche disfrutamos de una amplia habitación con baño privado y un rico desayuno al día siguiente. El personal que nos atendió nos pareció especialmente amable.

Esa noche -la última cena de un viaje siempre nos gusta que sea especial – escogimos un restaurante que nos habían recomenado y no nos defraudó. Se trata de la  taverna Pidalio, uno de los sitios con mejor relación calidad-precio que encontramos en nuestro viaje. Comida local y elaborada. ¡Consiguieron cautivarnos! Recomendamos la pasta, cocinada al estilo tradicional griego, y el pulpo con puré de manzana.

Una descubierta a pie de carretera

No queremos terminar este post sin hablaros de la experiencia que tuvimos al parar en un puesto de carreteras donde una señora vendía fruta y verdura. La señora sin una palabra de inglés se empeñaba en hablarnos y nosotros sin saber decir nada en griego más allá de gracias y buenos días le sonreíamos e intentábamos hacernos entender con gestos.

Obviamente la conversación no fue mucho más allá pero mientras hablábamos nos llamó la antención unas tiras que parecían fuets y que tenía colgadas al lado de las frutas. Dedcidimos comprar uno sin preguntar demasiado y luego descubrimos que se trata de un dulce, hecho a base de nueces y jugo de uva tradicional de las zonas caucasicas y que en griego se llama soutzoukos.

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