Atenas en dos días

Atenas no es una ciudad para visitar solamente en dos días. De hecho podrías pasarte allí semanas y no la terminarías. Pero en nuestro viaje por la Grecia continental había varios motivos que nos llevaron a hacer esta visita exprés.

El primero es que yo ya había estado en Atenas y no guardaba un recuerdo especialmente bueno. Por suerte a esto le pusimos solución durante este viaje: Atenas me sigue pareciendo una ciudad caótica y un tanto decadente pero quizás no tan sucia como la recordaba y sobretodo con un encanto especial que no supe ver en mi primera visita hace ya más de 10 años. 

El segundo motivo que nos llevó a hacer una visita exprés a Atenas és que sólo teníamos una semana y queríamos llegar hasta Meteora – a unos 400 quilòmetros de Atenas – y poder recorrer un poco la península del Peloponeso. Aún así, pudimos visitar bastante la ciudad a pesar del poco tiempo que teníamos y del mal tiempo que nos hizo.

Atenas clássica

Teníamos claro que por poco tiempo que pasaramos en Atenas no podía faltar una visita a la Acrópolis. Decidimos que fuera nuestra primera visita, en parte por ahorrarnos el dinero de la entrada ya que el primer domingo de cada mes el acceso a los monumentos nacionales es libre. Visitarla en enero nos ahorró las habituales aglomeraciones aunque tampoco estaba vacía. 

La Acrópolis 

Hicimos la visita a la Acrópolis envueltos en bufanda y con el permiso de la lluvia que nos dejó sacar todas las fotos que quisimos con el Partenón y las Cariátides y gozar de unas vistas de Atenas espectaculares.

En el último tramo del recorrido también pudimos ver – aunque ya con más prisas porqué faltaba poco para que cerraran el recinto – el teatro de Herodes Atico, más moderno, y el teatro de Dionisios, del siglo VI aC. Precisamente en esa época situa el escritor Jaques Lacarrière, el papel que tuvo el teatro en la toma de conciencia cívica de los ciudadanos de Atenas. 

Tras la muerte de Pisístrato, mientras en Atenas tenían lugar las primeras experiencias con la democracia – una aventura colectiva sin precedentes en la historia mediterránea-, dramaturgos y espectadores seguían la estela del autor y convertían un teatro simplemente urbano en un teatro cívico. Los espectadores también se volvían ciudadanos, el poeta trágico se convierte en miembro de pleno derecho de su propia ciudad y este germen instila en los sujetos trágicos una dimensión que desconocían hasta entonces: la conciencia política e histórica. Entonces, la tragedia, sin perder un ápice de su sustrato lírico, se volvió también épica y política.

Jaques Lacarrière (2009) Verano griego. 4.000 años de Grecia cotidiana. Badalona: Revista Altaïr

Después de nuestra visita a la Acrópolis recorrimos distraídamente sus alrededores – ya todos los monumentos estaban cerrados. Pudimos ver desde fuera el templo de Zeus y aunque hubiéramos preferido visitarlo con luz, también aprovechamos para recorrer las callejuelas de Anafiotika. Se trata de un pequeño barrio de casas blancas construido a la ladera de la colina donde se asenta la Acrópolis.

El ágora

Nuestra idea para el día siguiente era visitar el Pnyx, otra colina muy cerca del centro de Atenas para poder disfrutar de sus vistas a la ciudad y a la Acrópolis. Pero la mañana se levantó lluviosa y cambiamos de planes. Optamos por ir al Ágora que si el mal tiempo se desmadraba por lo menos teníamos el museo, donde podíamos estar a cubierto.

Allí nos entretuvimos toda una mañana, paseando entre piedras milenarias y algun templo reconstruido e imaginando como debía ser el principal centro político, social y comercial de la antigua ciudad de Atenas.

Atenas underground

Más allá de los monumentos y los sitios más turísticos, Atenas nos pareció una ciudad con muchos rincones  sorprendentes que van de la dejadez a lo surrealista pasando por lo subversivo. Empezando por el apartamento minúsculo que alquilamos: un loft muy bien arreglado y con vistas a la Acrópolis en un edificio que desde fuera parecía abandonado. No nos resistimos a hacer este vídeo. 

Estábamos cerca del metro de Monastiraki y en la misma calle había otros edificios que más que abandonados estaban directamente en ruinas pero, en cambio, a los pocos metros encontrábamos una plaza llena de restuarantes y terrazas agradables donde, por cierto, más de un día nos paramos a comer unas bugastas para recuperar fuerzas. Y todavía unos metros más adelante había decoraciones navideñas como la de la foto. 

decoración navideña de Atenas

El barrio de Exarchia

Uno de los lugares que no estaba en nuestra lista de visitas imprescindibles y que nos impresionó fue el barrio de Exarchia. Allí nos llevó nuestra amiga Noah, una ateniense que había vivido en Barcelona hasta hacía pocos meses. Nos preguntó que donde queríamos ir y le dijimos que queríamos visitar alguna zona alternativa, donde sólo un ateniense iría y escogió Exarchia. 

Noah nos contó que Exarchia es un barrio donde tradicionalmente se encontraban los movimientos anarquistas de la ciudad y donde la policia no solía ser bienvenida y, por tanto, no solía entrar. Pero con los últimos cambios en el govierno de Grecia esto había cambiado y las administriaciones buscan tener más presencia en la zona. Con este objetivo las últimas navidades decidieron instalar un árbol de Navidad en la plaza central del barrio, la plaza Exarchion. 

El caso es que el árbol no duró ni un día porqué algunos de los habitantes de la zona decidieron quemarlo y sustituirlo por un símbolo anarquistas de grandes dimensiones

Más allá de la anécdota, Exarchia es un barrio donde hay muchos movimientos sociales y espacios ocupados. En los últimos años también se ha convertido en una zona donde viven muchos migrantes sin documentación que han quedado atrapados en Grecia a la espera de poder llegar a otros países europeos. Recorriendo las calles del barrio se ven numerosos grafitis en las paredes, algunos más reivindicativos y otros más artísticos. 

Cabo Súnion

Atardecer en el cabo Sunion

Aunque está a más de 60 km de Atenas, la visita al cabo Súnion y al templo de Poseidón es ineludible. En nuestro caso la reservamos para el último día de nuestro viaje. Así pudimos volver a casa con uno de los atardeceres más bonitos que se pueden ver grabado en la retina.

El cabo Súnion se encuentra al sureste de la capital griega y en su extremo se construyó, en el siglo V aC, un templo dedicado a Poseidón, el dios del mar. Del edificio original solo se conservan 15 columnas en pie que, combinadas con el sol adentrándose en el mar, generan una postal espectacular.

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